Nunca he sido buena en las labores tradicionales, para pesar de mi madre que desde niña intentó introducirme (sin mucho éxito) en el mundo del punto de cruz, ganchillo y demás....
Sí es cierto que siempre me han gustado las manualidades, aunque de otro tipo.
Un día vi anillas de latas de refrescos a vender en una mercería y me picó la curiosidad. Me encanta la idea de reciclar y dar una segunda vida a las cosas. Y aquí estoy, con unas nociones mínimas de ganchillo y un poco de voluntad, haciendo bolsos cuyo mayor mérito es el de ser diferentes. Los primeros fueron el resultado de un reciclaje puro y duro, apañé todos los restos de hilos y lanas que había por casa (menuda limpieza) pero llegó un momento en que ya tuve que comprar el material.
De todas formas el reciclaje no se limita a las anillas, también uso tapones, camisetas.... y ya se verá si cae algo más.
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