viernes, 22 de febrero de 2013

Nunca he sido buena en las labores tradicionales, para pesar de mi madre que desde niña intentó introducirme (sin mucho éxito) en el mundo del punto de cruz, ganchillo y demás....
Sí es cierto que siempre me han gustado las manualidades, aunque de otro tipo.
Un día vi anillas de latas de refrescos a vender en una mercería y me picó la curiosidad.  Me encanta la idea de reciclar y dar una segunda vida a las cosas. Y aquí estoy, con unas nociones mínimas de ganchillo y un poco de voluntad, haciendo bolsos cuyo mayor mérito es el  de ser diferentes. Los primeros fueron el resultado de un reciclaje puro y duro, apañé todos los restos de hilos y lanas que había por casa (menuda limpieza) pero llegó un momento en que ya  tuve que comprar el material.
De todas formas el reciclaje no se limita a las anillas, también uso tapones, camisetas.... y ya se verá si cae algo más.

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